domingo, 20 de abril de 2014

Relación Maestro-Alumno

El ámbito de las relaciones entre profesores, alumnos, centro y padres dentro de la escuela es algo más complicado frente a lo que en un principio pudiera parecer. Lo primero que hay que diferenciar es que la relación entre profesores y alumnos va a ser diferente a todas las demás, y es en la que me voy a centrar en este primer artículo del blog. El profesor, como figura encargada de enseñar y educar al alumno, suele situarse tradicionalmente como la persona que posee y transmite el conocimiento de una forma unidireccional y autoritaria, siendo el aula el lugar donde el docente da clase y los alumnos, siempre en silencio y sentados en sus pupitres, atienden, toman apuntes, hacen los ejercicios determinados previamente por el maestro y aprenden la materia que este les indica.

[Caricatura sobre los problemas de la relación Profesor-Alumno]
[Obtenida de: Motivación universitaria]
Esta situación descrita en las últimas líneas del anterior párrafo es la que se da en la mayoría de las escuelas de nuestro país hoy en día, y que no lleva apariencia de cambio. Es una escuela tradicional basada en un aprendizaje memorístico, sin entender al alumno como alguien que pueda razonar y aprender el conocimiento de otra manera; ya ni mencionemos el intentar basar la escuela en enseñar a los alumnos a buscar la información, y no en que tengan que aprenderla de memoria, porque ya no solo la legislación vigente pone trabas a esta práctica exigiendo la realización de exámenes tradicionales al finalizar cada etapa educativa, hecho que requiere a los alumnos de largas épocas de estudio, sino que los propios padres considerarían que sus hijos no están aprendiendo lo suficiente. 

Afortunadamente en los últimos años están surgiendo numerosas corrientes educativas que entienden la figura del maestro como la persona encargada de guiar el aprendizaje del alumno, como alguien que debe enseñarle a defenderse en el mundo de hoy en día, con las incontables fuentes de información existentes (Smartphones, Tablets, ordenadores,…) en las que todo el conocimiento ya está perfectamente clasificado y listo para ser entendido. 


Del mismo modo que estas corrientes educativas defienden la figura del maestro como un guía, y no como un ser superior, poseedor de todo el conocimiento que debe ser vertido en las cabezas de los alumnos cuales urnas necesitadas de sabiduría; no debemos olvidarnos de la figura  del alumno. Éste, no debe ser entendido cual ser pasivo que necesariamente debe callar y atender al maestro, sino que puede conseguir conocimiento llevando a cabo experimentos, cuestionándose lo que aparece en los libros y sirviéndose del docente para aprender sobre los campos que le atraigan más. La relación entre maestro y alumno no debe ser de igual a igual, eso es innegable, puesto que uno está calificado para guiar el aprendizaje del otro, pero tampoco se debe dar una relación de superioridad, basada en el miedo o simplemente en lo estricto del docente, que probablemente lo único que fomenta sea la pasividad y el aburrimiento en las aulas, sino que debe ser una relación fluida, sincera y basada en el aprendizaje mutuo, puesto que es cierto que el maestro puede enseñar mucho conocimiento al alumno, pero el docente puede también aprender muchas cosas de la curiosidad, inquietud y ansias de aprendizaje de un niño.


A continuación dejo un artículo escrito por el Psicólogo Edisto Cámere sobre las particularidades de la relación entre alumno y maestro:

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